Vivir en cuarentena 2 de cada 3 meses, ¿clave para frenar al COVID-19?

Sí, leyó bien. Dos meses encerrados, otro libres. Este es el modelo propuesto por el Imperial College de Londres y divulgado por el MIT Technology Review. Según un estudio realizado por esta institución, durante el mes habilitado para salir el comportamiento deberá cambiar drásticamente, es decir, la forma de trabajar, hacer deportes, comprar o educar a los hijos deberá ser diferente a partir del nuevo coronavirus. Si bien todos queremos volver a la “normalidad”, ya nada será como era antes, al menos no en el corto plazo.

En el mundo, que suma 110 mil muertos y 1.789.985 infectados por COVID-19, los más de 190 países o territorios afectados por el virus apostaron al alejamiento social, algunos más temprano, otros más tarde. Esto último provocó el colapso de los sistemas sanitarios, como ocurrió en Italia (152.271 infectados y 19.468 muertos) que, junto con España (166.019 infectados y 16.972 muertos), son los países más golpeados en Europa, mientras que, en América, Estados Unidos lidera actualmente el ranking no solo regional, sino mundial, con más afectados (530.200) y muertos (20.608) por el nuevo coronavirus.

La mayoría de los países, entre ellos Paraguay (134 casos y 6 muertos), apuestan a que la pandemia avance a un ritmo más lento, primero, para evitar el colapso del sistema de salud e ir preparando a la par hospitales o albergues para recibir a los infectados, y segundo, para lograr la inmunidad de un grupo de contagiados mientras se espera una vacuna o tratamiento eficaz contra la enfermedad. Se sabe que la vacuna no estaría lista antes del 2021.

En China (83.134 casos y 3.339 muertos), donde se originó el brote, oficialmente en diciembre del 2019, y extraoficialmente en noviembre del año pasado, se requirió de al menos 8 semanas de encierro para que el contagio empiece a disminuir. Si bien el país asiático dice no registrar más casos locales de infectados, sí tiene contagiados importados. Es decir que, mientras haya una sola persona en el mundo con el virus, los brotes seguirán ocurriendo, a no ser que se implementen controles más estrictos para contenerlos.

Es, en este contexto, que los investigadores ingleses propusieron imponer medidas de alejamiento social más extremas cada vez que los ingresos en las unidades de cuidados intensivos empiezan a aumentar, y suavizarlas al reducirse la cantidad de personas ingresadas. Aclarando que esto no se aplicaría a las personas con síntomas o cuyos familiares tuvieran síntomas del virus, estas deberán seguir en sus hogares.

Alejamiento social

Para los investigadores, el aislamiento o alejamiento social implica la reducción del contacto fuera del hogar, en la escuela o en el trabajo en un 75%. Explican que esto no significa no salir con los amigos una vez a la semana, sino minimizar el contacto social. Al hacerlo, el confinamiento solo tendría que durar dos tercios del tiempo, es decir, dos meses sí y uno no, hasta que haya una vacuna disponible.

De acuerdo al estudio, sin el alejamiento social de toda la población, incluso la mejor estrategia de mitigación “provocaría un aumento de las personas gravemente enfermas ocho veces mayor de lo que podría soportar el sistema de EE.UU. o de Reino Unido”. Ambos países de primer mundo; ahora imagínense a cuánto se elevaría ese número en Paraguay.

Agrega que incluso “si las fábricas empezaran a producir más camas y respiradores y todas las demás instalaciones y suministros, aún harían falta muchos más médicos y enfermeras para atenderlos a todos”. La situación tampoco cambiaría si se imponen restricciones durante solo cinco meses, porque cuando se levantasen las medidas, la pandemia volvería a estallar.

La peor época para ello, a criterio del estudio, es el invierno, cuando más sobrecargado están los sistemas sanitarios. En Paraguay, se espera el pico precisamente en invierno, según estudios de investigadores locales.

En todos los escenarios previstos por el Imperial College, deberíamos permanecer encerrados más de la mitad del tiempo para lograr resultados realmente efectivos contra el COVID-19. Por esta razón, creen que se trata del inicio de una forma de vida completamente diferente a la que conocíamos.

Pandemia permanente

Los investigadores coinciden en que este nuevo estilo de vida será perjudicial para los restaurantes, discotecas, gimnasios, hoteles, cines, centros comerciales, centros deportivos, cruceros, aerolíneas, transporte público, escuelas privadas, guarderías y otras tantas empresas que dependen de contar con una buena cantidad de personas-clientes para funcionar exitosamente.

Así también, las tensiones se incrementarán en los hogares, con padres a cargo de sus hijos y de su educación todo el día, al igual que en las relaciones abusivas y en los matrimonios que dependen de salir a la calle para generar ingresos económicos.

Sostienen que a partir del COVID-19, la humanidad deberá aprender a vivir de otra manera y las empresas e industrias deberán reinventarse y ofrecer otros productos y servicios, acordes a las nuevas condiciones de vida.

¿Lo bueno?, dicen los estudiosos, es que probablemente el mundo y cada país tenga un mejor sistema de salud para enfrentar a esta y otras pandemias futuras. Mientras, debemos limitarnos a mantener una vida social más “virtual” que presencial, y puede que, con el tiempo, establezcamos formas más sofisticadas de relacionamiento.

Como ejemplo de las medidas que empezaron a tomarse en algunos países, citaron los casos de Israel, que informó que utilizará los datos de ubicación de los teléfonos móviles con los que sus servicios de inteligencia rastrean a los terroristas para seguir a las personas que han estado en contacto con los confirmados portadores del virus; y de Singapur, que realiza un exhaustivo seguimiento de contactos y publica datos detallados sobre cada caso confirmado, sin identificar a las personas por su nombre.

Precisan que si bien no sabemos cómo será a futuro, es posible que aceptemos una “vigilancia intrusiva” como un “precio a pagar por la libertad básica de estar con otras personas”. El mundo cambió muchas veces y ahora lo está haciendo de nuevo. Hagámoslo nosotros también y, mientras, quedémonos en casa.

LA NACION