Sobrino de Fahd Yamil supervisó el asesinato de Santiago Leguizamón

25 de abril de 2021 – 02:00

 Paulão declaró en Brasil que Tulú Álvarez Georges, quien presuntamente los contrató para matar al periodista, supervisó personalmente el operativo. La Justicia paraguaya lo dejó libre.

Andrés Colmán Gutiérrez

@andrescolman

Fue el viernes 26 de abril de 1991, Día del Periodista Paraguayo. En la esquina de Rodríguez de Francia y De Jesús Martínez, plena línea fronteriza entre Pedro Juan Caballero (Paraguay) y Ponta Porã (Brasil), aguardaba un auto Volkswagen Gol color negro, con tres hombres a bordo. Tenían armas y una siniestra misión.

Era casi mediodía, cuando José Paulo dos Santos Galdino, alias Paulão, el sicario que actuaba de campana, avisó que se aproximaba el auto Datsun, color blanco, conducido por el periodista Santiago Leguizamón Zaván, acompañado de su secretario, Baldomero Karape Cabral.

El Gol negro les cerró el paso y dos hombres saltaron a tierra. Uno llevaba una pistola 9 milímetros y una 38 Magnum. El otro, una potente escopeta calibre 12 recortada.

Los disparos acribillaron el parabrisas. Leguizamón aún tuvo fuerzas para gritarle a Karape: “¡Corré, salvate… yo ya no puedo!”. Cabral abrió la puerta y salió del auto, cuando escuchó la explosión final, el escopetazo que le arrancó a Santiago el ojo izquierdo. Los sicarios subieron al auto y cruzaron la frontera hacia Brasil. Según los forenses, 22 balazos impactaron en el cuerpo del periodista.

Lo que no se sabía entonces era que otro hombre supervisaba desde corta distancia lo ocurrido, para certificar que el periodista realmente fuera asesinado.

Paulão lo reveló nueve meses después, tras caer preso por otro crimen en Brasil, en su declaración ante la Policía Federal brasileña: Aquel misterioso supervisor era Luiz Henriques Álvarez Georges, alias Tulú, sobrino y mano derecha de quien entonces era considerado el principal capo del crimen organizado en la frontera, Fahd Yamil Georges, más conocido como el Turco, el Padrino o el Rey.

OTRO CRIMEN

En la madrugada del 15 de agosto de 1991, cuatro meses después del asesinato de Leguizamón, un brasileño llamado Benedito Mendonça de Moura acabó de cenar con Tulú, en el casino Amambay (propiedad de los Yamil) de Pedro Juan Caballero, cuando a la salida fue secuestrado por siete sicarios, que a bordo de dos vehículos se marcharon, trasladando al hombre hasta un sitio alejado, en el lado brasileño de la línea fronteriza, donde lo mataron disparándole 44 tiros, según consta en el expediente de la Justicia de Campo Grande, Mato Grosso do Sul.

Un escuadrón del Grupo Especial de Operaciones de Frontera de la Policía brasileña, al mando del delegado Osmar de Camargo, investigó el caso y logró atrapar a varios de los involucrados, revelando que se trataba de una banda de sicarios fronterizos que, además de matar a Mendonça de Moura, habría ejecutado varios otros crímenes por órdenes del clan Yamil, entre ellos el asesinato del periodista paraguayo Santiago Leguizamón.

REVELACIÓN

En una conferencia de prensa ofrecida en la ciudad de Campo Grande, el 12 de enero de 1992, la Policía brasileña presentó a los miembros de la banda de sicarios y ofreció una relación de los crímenes conocidos.

Sobre el caso de Leguizamón, se informó que, conforme a las declaraciones de los aprehendidos, los que dispararon contra el periodista paraguayo fueron José Francisco Araulho (alias Tiro Certo) y José Aparecido de Lima (Zé Lima), mientras Braz Vaz de Moura manejaba el auto y José Paulo dos Santos Galdino (Paulão), actuaba de campana. Aunque trataron de inculparse unos a otros, todos coincidieron en que fueron contratados por Daniel Álvarez Georges y Luiz Henriques Álvarez Georges, el primero es hijo y el segundo es sobrino de Fahd Yamil.

“Yo solo hice de campana, los que dispararon fueron los otros. Tulú estuvo en el lugar del crimen, supervisando todo”, declaró Paulão.

Los sicarios no dijeron cuánto se les pagó por matar a Leguizamón, aunque contaron que para asesinar a Benedito Mendonça de Moura, Tulú les ofreció diez mil dólares, que debían repartirse entre todos los miembros de la banda. Generalmente, era el precio promedio que les pagaban por un asesinato.

DIFERENCIAS

La Policía brasileña solo tardó ocho meses en esclarecer el caso Leguizamón, pero lo hizo a simple modo de información, ya que el asesinato fue cometido en el lado paraguayo, donde no tenía jurisdicción.

La Justicia paraguaya podría haber tramitado obtener la declaración de los sicarios y recurrir internacionalmente para procesarlos, tanto a ellos como a los autores morales, pero no lo hizo. Por el contrario, según el relato de los hechos, en todo momento las autoridades del Gobierno paraguayo y del Poder Judicial se dedicaron más a encubrir que a descubrir.

A diferencia de lo que lograron las autoridades brasileñas, en el Paraguay, el caso más emblemático del primer periodista asesinado en tiempos de transición a la democracia cumple 30 años sin que el sistema de justicia haya podido determinar oficialmente quienes fueron los asesinos. UH