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En México confusa y letal acción antinarco abre crisis

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, enfrenta la peor crisis de su Gobierno luego de una refriega entre fuerzas federales y el cartel de Sinaloa que dejó muertos y heridos tras una fallida operación que terminó con la captura y posterior liberación del narcotraficante Ovidio Guzmán.

ABC 19 DE OCTUBRE DE 2019 – 01:00

La violencia en   Sinaloa, México, tras la captura y posterior liberación del narcotraficante Ovidio Guzmán demostró  que esta región mexicana está controlada por el crimen organizado. (AFP)
La violencia en Sinaloa, México, tras la captura y posterior liberación del narcotraficante Ovidio Guzmán demostró que esta región mexicana está controlada por el crimen organizado. (AFP)gentileza

MÉXICO (EFE). La refriega en Culiacán ha reflejado el enorme control y poder que tienen el cartel de Sinaloa y sus células sobre la región, que se consideraba relativamente pacificada en los últimos meses.

López Obrador justificó la decisión de liberar tras una breve detención a Ovidio Guzmán, hijo del capo Joaquín “Chapo” Guzmán, para proteger a la población de Culiacán.

Con un discurso en el que han apelado a la paz, el gobernante y su gabinete de seguridad, sin embargo, han aceptado errores en un fallido operativo para capturar al “heredero” de “El Chapo”, condenado a cadena perpetua en EE.UU.

“No puede valer más la captura de un delincuente que las vidas de las personas. Ellos (el gabinete de seguridad) tomaron esta decisión (liberarlo) y yo la respaldé”, dijo el mandatario a modo de justificación.

El hijo del narcotraficante, sobre el que pesa una orden de extradición solicitada desde septiembre por EE.UU., fue hallado por un comando de 30 militares y miembros de la Guardia Nacional en una casa en la ciudad mexicana de Culiacán, en el estado de Sinaloa, una región considerada tierra de narcos.

Para evitar su detención, este hijo del Chapo desató horas de tiroteos y bloqueos en la capital del estado, de unos 800.000 habitantes, desatando el pánico entre la ciudadanía.

Esta crisis mostró el poder de la mafia organizada, en este caso el cartel de Sinaloa, y ha dejado al descubierto las fisuras que registra el Gobierno de López Obrador en seguridad.

“En el afán de obtener un resultado positivo (el comando) actuó de manera precipitada con deficiente planeación y falta de previsión sobre las consecuencias”, reconoció el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), Luis Cresencio Sandoval.

“Ante la violencia que se produjo, este gabinete de seguridad ordenó que se retiraran del domicilio” para acabar con esta operación “precipitada y mal planeada”, apuntó Sandoval, quien aseguró que “formalmente no hubo una detención”.

Mientras que el titular de la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, defendió la política de seguridad del Gobierno actual y añadió que “no hay ningún pacto con el crimen organizado”.

El episodio de Culiacán se sumó a otros registrados esta semana entre el Ejército mexicano y civiles armados en los estados de Michoacán y Guerrero, que dejaron como saldo 28 muertos.

Tiroteos y escenas de pánico

La balacera del pasado jueves entre las fuerzas públicas mexicanas y los narcotraficantes duraron unas seis horas en varios puntos de la capital sinaloense. Las imágenes de las televisoras mostraban escenas de pánico en las calles, con hombres enmascarados y fuertemente armados atacando con una lluvia ensordecedora de tiros a las fuerzas de seguridad.

La tragedia, que dejó como saldo al menos 8 muertos, 16 heridos y 49 reos fugados, puso al Ejecutivo mexicano contra las cuerdas. Además, varios vehículos de la policía y un helicóptero tuvieron impactos de bala, y 50 reos se fugaron.

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