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Conflicto familiar mantiene cerrada reserva Laguna Blanca

El establecimiento permanece con los portones cerrados desde octubre del 2016. Según estadísticas de una de las propietarias, Malvina Duarte, al año 5.000 personas visitaban el lugar y dejaban una ganancia de aproximadamente 150 millones de guaraníes solo en entradas. Hasta el momento, es incierta la reapertura del sitio.

A casi 20 años de haber iniciado las actividades turísticas en uno de los sitios naturales más bellos de nuestro país, un conflicto entre hermanos hace que el Rancho y la Reserva Natural Laguna Blanca corra el riesgo de cerrar para siempre.
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Ubicado en el distrito de Santa Rosa del Aguaray, en el departamento de San Pedro, a 250 kilómetros de Asunción, el Rancho y la Reserva Laguna Blanca abrió sus portones a turistas locales y extranjeros en el año 1997, luego de que 2 de sus propietarias, doña Sara Arredondo de Duarte y Malvina Duarte (madre e hija), hayan sido invitadas a formar parte de la Asociación Paraguaya de Turismo Rural (Apatur).

A solo días de aquella reunión, comenzó a operar Laguna Blanca. Al principio, pocas personas se acercaban a conocer el predio. En conversación con La Nación, Malvina recordó que los primeros visitantes fueron 2 parejas de españoles, a quienes los dueños del establecimiento debieron, incluso, ceder sus habitaciones por falta de infraestructura.

La situación cambió a inicios del 2002, cuando la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur) empezó a apoyar las actividades a través de promociones, posibilitando que Laguna Blanca se convierta en un verdadero centro turístico y en uno de los preferidos por los paraguayos.

Las mejoras continuaron. En el 2010, Malvina realizó una inversión personal de aproximadamente 400 millones de guaraníes para construir 3 galpones y 6 dormitorios con sanitarios, a fin de atraer a más turistas.

Dos años después, falleció doña Sara Arredondo, ella era la administradora de todos los bienes. En ese momento, cambió la vida de la familia. Los proyectos pararon. Hasta la fecha, sus 9 hijos, herederos, continúan en disputa.

El conflicto

Tras la muerte de doña Sara, surgió el malestar entre algunos de sus hijos, que se oponían a que una sola persona explote comercialmente el rancho, Malvina. A raíz de esto, organizaron una reunión en la que decidieron poner a la venta el establecimiento. Mientras Malvina siguió con las actividades hasta que sus hermanos consiguieran un comprador. Esta situación generó nuevamente la indignación de los mismos, por lo que iniciaron una acción judicial contra ella.

En setiembre del 2016, a través de un sumario, la jueza Julia Rosa Alonso otorgó la medida cautelar a favor de los demandantes, quedando como nuevo administrador del total de los bienes, Óscar Nelson Duarte, uno de los hermanos. En octubre de ese mismo año, Malvina decidió cerrar definitivamente el lugar, debido a que sus hermanos se constituyeron hasta allí en compañía de una actuaria, para tomar posesión de la finca.

Actualmente, Óscar Duarte y su familia residen en el Rancho, y no se vislumbra una posible reapertura al público a corto plazo, según manifestó a La Nación, Malvina.

Pérdida económica

Hace más de 4 meses, la finca compuesta por 1.120 hectáreas está inactiva, ocasionando un descenso importante en el número de turistas que ingresaban a Paraguay con la única intención de conocerla, teniendo en cuenta que cada año el 10% de los visitantes eran extranjeros. El promedio de ingreso era de 5.000 personas al año, cuya permanencia en el local generalmente se prolongaba todo un fin de semana.

Según estimaciones de Malvina, la pérdida rondaría los G. 62.500.000 de octubre a febrero, solamente en entradas y sin considerar los costos equivalentes a consumiciones y otros. El precio de las entradas eran establecido de acuerdo a la edad, los menores de 12 años pagaban el 50% del costo real, mientras que los niños de 5 años y menos tenían acceso libre.

CABAÑA ITA KUA SIGUE OPERANDO

El terreno donde está asentada la Cabaña Ita Kua no tiene titulación y tampoco tendría habilitación municipal ni licencia ambiental para operar. Estos datos salieron a la luz en octubre del 2016, cuando se conoció un conflicto familiar que puso en “jaque” a uno de los sitios turísticos más ponderados en nuestro país.

Durante más de tres décadas, Ovidio Jara y su esposa explotaron el predio, pero al fallecer el hombre, hace casi dos años, aparecieron varios hijos extramatrimoniales que supuestamente reclamaron la propiedad y desplazaron de la misma a su viuda y a sus medio hermanos.

Según publicaciones de la fecha, en el 2011 Ovidio y uno de sus hijos, Rodrigo, empezaron a operar turísticamente el lugar, que actualmente se mantiene abierto a pesar del enfrentamiento de sus propietarios y de estar en sucesión. “El terreno era de mi padre y es herencia nuestra”, había precisado Rodrigo.LA NACION

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