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¿Cómo hago para invertir en un negocio?

¿Cómo hago para invertir en un negocio?
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En Paraguay los emprendedores se multiplican y crecen. Basta saber mirar para ver lo que pasa en las calles, los encuentros empresariales, las redes sociales y la prensa.

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En Paraguay los emprendedores se multiplican y crecen. Basta saber mirar para ver lo que pasa en las calles, los encuentros empresariales, las redes sociales y la prensa.

En los últimos siete años, se inscribieron 201.048 nuevos contribuyentes en la Subsecretaría de Estado de Tributación (SET). Así, más del 28%, casi la tercera parte, de quienes hoy mueven la economía formal paraguaya, son emprendedores relativamente recientes. Por lo mismo, es frecuente escuchar en estos días: me interesa la idea y el negocio que tiene esta persona; tengo un dinero ahorrado; quiero invertir en esta empresa. A la hora de analizar como estructurar esa inversión, la relación entre riesgo y rentabilidad, aunque naturalmente variable, es uno de los elementos que todas las inversiones tienen en común.

PROTEGIDO O A LA INTEMPERIE

Existen muchas oportunidades de inversión. Puedo recurrir al mercado de capitales, operado por las casas de bolsa, y adquirir acciones de una empresa. Al hacerlo, tengo una cierta garantía sobre la empresa, porque su información es pública y, para cotizar públicamente, debió cumplir las exigencias normativas y seguir un procedimiento regulado. En esta inversión nos protege la regulación y tenemos a la Comisión Nacional de Valores en su papel de “vigilante”.

Por otra parte, si prefiero invertir en el negocio de una empresa que no cotiza, es claro que estas garantías no existen. En este tipo de operaciones, se diferencia entre los inversores profesionales de las personas que invierten sus ahorros y, por ejemplo, quieren arriesgar en el negocio del amigo o vecino. Más allá de sus réditos eventuales, esta es una inversión que no está protegida por la regulación y el riesgo es mayor por lo que las medidas que tenemos que tomar deberán ser diferentes.
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DUE DILIGENCE

Compré un auto y en el primer viaje a Ciudad del Este me quedé en medio de la Ruta 7. Es que, antes de comprarlo, no llame al mecánico para revisar si estaba bien mantenido. Resultado: las correas estaban flojas y el aceite sucio.

Lo que ocurre con los autos, vale para las empresas y más todavía si son “usadas”. Si la empresa en la que voy a invertir está “usada”, es que vivió lo suficiente para tener obligaciones pendientes y derechos adquiridos, que pueden afectarme. Podría perder el dinero invertido porque los números que me habían pasado no eran reales o porque las obligaciones no fueron atendidas. Es mínimamente prudente hacer una revisión de la empresa en que pretendo invertir. Se trata de atenuar al máximo el peligro de…perder todo en la carretera.

¿INVERTIR EN ACCIONES O FINANCIAR?

La inversión, traducida en apoyo financiero, puede concretarse mediante financiación externa o capital. En primer término, el inversor debe determinar si quiere entrar en el capital social de la empresa o si, por el contrario, pretende conceder una financiación. Es una diferencia fundamental ya que, en el primer caso, el inversor se convierte propiamente en accionista de la empresa, siguiendo, por tanto, la suerte del emprendimiento. Si la empresa tiene beneficios, el inversor resultará beneficiado. En la segunda opción –financiación externa- el inversor será un acreedor como cualquier otro y recibirá la tasa pactada, que podría incluso estar referenciada a los beneficios que obtenga la empresa.

Como se ve, seguimos hablando del riesgo: si las cosas salen mal, al ser un acreedor tengo más probabilidades de recuperar lo invertido que si soy un accionista. Por eso, también son distintos el proceso de due diligence y la instrumentación del acuerdo.

RELACIONES ENTRE SOCIOS

¿Y ahora qué? Una vez ejecutada la inversión, esa es la cuestión. Ahora la gestión de la empresa debe dar sus frutos. Y, para el inversor, esperar ese resultado es muy distinto que aguardar los rendimientos en una empresa cotizada o ver cómo se acerca la fecha de cobro de los intereses del capital que invirtió en el banco.

Debido a que la rentabilidad esperada por la inversión en capital privado sea mayor que la que ofrece un banco (si no lo es, habríamos dejado el dinero en el banco), suele implicar mayores riesgos. Y este riesgo es justamente el que se trata de reducir cuando se regulan las relaciones actuales y futuras entre socios.

Esto se logra mediante un contrato de socios en virtud del cual se determinan las reglas de juego por el tiempo en que los socios continúen siendo tales. En este punto, no hay mejor consejo que imaginarnos los posibles escenarios y en base a esto, negociar y acordar qué hacer en cada situación.

SALIDA DEL INVERSOR

Desde luego, al invertir debemos tener claro qué es lo que buscamos en términos de retorno o salida de la inversión. Y, ciertamente, qué herramientas tendremos disponibles en caso que surja una imperiosa necesidad de liquidez, que a todos nos puede pasar.

Si la inversión es en el mercado de valores, no hay problemas, puesto que puedo vender en cualquier momento -o, al menos, esto es lo que se espera-. Las opciones de venta de mi capital accionario no serán tantas si invertimos en capital privado. Pensando en ello, podemos pactar opciones de compra o de venta, obligatoriedad de salida a bolsa u otro proceso que nos permita salir, dependiendo de qué metas perseguimos en la empresa.

Plantearse desde un principio cómo vamos a encarar el proceso inversor, reduciendo riesgos y estableciendo reglas para gobernar la continuidad de las relaciones, es esencial. Sí, claro, se sabe que más vale prevenir que curar, obviamente. Pero qué les voy a decir… por algo es que esa obviedad es la más reiterada en los negocios, en el Derecho y en otras tantas cuestiones humanas.

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