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¿Qué nos falta para ser una economía emergente?

Un caso ejemplar es el de Corea, que pasó por la categoría de emergente con muchos indicadores parecidos a los del Paraguay, hoy es un país desarrollado con un PIB per cápita de US$ 35.000 y uno de los polos tecnológicos y de innovación más creativos del mundo. Para aspirar a ser un país emergente, nos queda un largo camino por recorrer. Tenemos herramientas para hacerlo. Si Corea lo pudo hacer hace 40 años, ¿Por qué no
Si algo tienen los términos definitorios en economía es la capacidad de ser analizados con criterio amplio. La pregunta del título no es una ocurrencia semántica sino un punto de partida para saber dónde estamos parados.

Medio siglo atrás, a mediados de los sesenta, la pregunta hubiera sido irrelevante. El concepto no existía y el Paraguay, como economía, no movía ninguna aguja en ninguna de las categorías.

Pero todo ha cambiado desde entonces y el propio país ha dado un salto adelante. En un estudio publicado por CADEP en 2014 y de autoría de Francisco Ruiz Díaz, se demuestra que el crecimiento sostenido de una economía genera los factores objetivos que permiten su expansión. “El objetivo de las políticas de largo plazo es el bienestar –sostiene Ruiz Díaz-. Para este efecto los gobiernos disponen de instrumentos que promueven la acumulación de capital (físico y humano), mejoran la eficiencia en el uso de los mismos (innovación) y crean instituciones inclusivas que premian correctamente los esfuerzos”. A continuación cita tres ejemplos. El primero es Botswana, una república parlamentaria en el centro sud de Africa. El país crece desde 1960 una tasa promedio de 6.1% y su PIB per cápita se ha duplicado cada 12 años. El otro es Corea del Sur cuyo PIB per cápita creció entre 1960 y 2011 a un ritmo promedio de 6.5% y se duplicó cada 11 años. En cambio entre nosotros, el PIB per cápita creció entre 1960 y 2011 a un promedio de 1.9%, “insuficiente para generar desarrollo económico. Al Paraguay le llevó 37 años duplicar su PIB per cápita”.

Para ponerlo en números, el PIB total coreano de 1960 era de unos US$ 30.000 millones, producido por una sociedad pobre dedicada básicamente a la agricultura y con un mercado interno pequeño. Una década después las políticas de desarrollo llevaron a Corea a impulsar la industria con una mano de obra muy competitiva. Esto la alejó de la Corea agrícola y la hizo saltar a un escenario industrial con alto valor agregado y apertura a las inversiones extranjeras. Las inversiones públicas en infraestructura física, la tecnificación del agro con mecanización y un enfoque muy concentrado en la investigación para el desarrollo (I+D) que abrió espacio a la innovación, proyectaron al país al siglo XXI. El PIB coreano de 2014 fue de 1,7 billones de dólares que colocó al país en el puesto 13 entre las economías mundiales.

Mientras Corea, partiendo de un puesto similar al del Paraguay entre las economías del mundo en los años ’60, pasó por la categoría de emergente con muchos indicadores parecidos a los del Paraguay, hoy es un país desarrollado con un PIB per cápita de US$ 35.000 y uno de los polos tecnológicos y de innovación más creativos del mundo.

Para aspirar a ser un país emergente, nos queda un largo camino por recorrer. Tenemos herramientas para hacerlo. Si Corea lo pudo hacer hace 40 años, ¿porqué no nosotros ahora?. 5DIAS
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canindeyu

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