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Los controles no deben molestar

  

Los controles no deben molestar

Está claro que toda la estructura tributaria debe ser minuciosamente auditada y nadie tiene derecho a oponerse a procedimientos que no solo son aconsejables sino absolutamente imprescindibles para garantizar la salud financiera de un Estado. Y el Paraguay no es la excepción.

“Aduaneros hablan de huelga y cierre de fronteras si Cartes insiste con sus controles”. Ya sea una advertencia, una amenaza o una promesa, la actitud del personal de Aduanas es incomprensible. El Gobierno no está anunciando que despedirá personal, que les rebajará los salarios o que los trasladará de un sitio a otro, aspecto este último extremadamente delicado para la carrera de un aduanero. Lo único que ha hecho Cartes es informar que enviará gente a revisar las cuentas. Es cierto, lo ha hecho luego de pegar en los tableros de novedades de las oficinas de todo el país este aviso: “O recaudan más o se van”. El Presidente sabe que eso no es posible, ya que a un funcionario público sólo se lo puede remover del cargo en base a un sumario administrativo abierto a partir de causales muy precisas. Y “recaudar menos” no es una de ellas, salvo que ese hecho se dé a partir de maniobras dolosas en la administración de las operaciones de importación y exportación.

Pero lo que sí puede hacer el Presidente es auditar las cuentas de esta repartición por la que entra cada año entre el 12 y el 14% de la recaudación tributaria. Es el tercer ítem en importancia como ingresos fiscales, luego del IVA y del impuesto a la renta.

En 2014 el sistema aduanero paraguayo recaudó un total 8 billones de guaraníes y monedas. En dólares, esta última cifra que parece muy impresionante se reduce a 1.500 millones. Si tenemos en cuenta que el comercio exterior de 2014 alcanzó los 21.000 millones de dólares (datos del BCP y del Centro de Importadores), eso significa que el aporte a Hacienda representó el 7% de su valor. Sin duda, esta cifra le hace algo de ruido en el oído al Presidente de la República y quiere saber porqué. Un contraste entre la estructura de los diferentes conceptos por los cuales tributa una importación o una exportación y los ingresos reales registrados sería útil para sacar alguna conclusión.

El Estado paraguayo no tiene abundancia de fuentes de ingreso. Las tres principales que recibe por la vía de los tributos ya las hemos citado. Y en las tres campean las mismas falencias: considerable evasión, base tributaria con grandes vacíos y alta corrupción público-privada en los sistemas de recaudación. Un estudio del departamento de Desarrollo Institucional de la Subsecretaría de Estado de Tributación difundido en 2013 indica que en el caso del IVA, la evasión alcanzaba en esos días al 35%. Por otro lado, la Asociación ProDesarrollo y el Instituto de Economía Sostenible de la UNA colocaban la economía informal en 2014 –la que no tributa- en un equivalente al 40% sobre el PIB. Está claro que toda la estructura tributaria debe ser minuciosamente auditada y nadie tiene derecho a oponerse a procedimientos que no solo son aconsejables sino absolutamente imprescindibles para garantizar la salud financiera de un Estado.

Y el Paraguay no es la excepción
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