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Las decisiones financieras correctas para los jóvenes

Ser joven no debe significar inestabilidad financiera, es importante tomar control del patrimonio desde un inicio para poder tener una buena inclusión financiera.

El Economista, México

RIPE

Quizá la década más significativa que da forma a nuestra vida financiera futura es cuando estamos en nuestros veinte. Mucha gente termina sus estudios y comienza a trabajar durante esa etapa. Para muchos representa el primer contacto con la vida real.

En mi caso no fue distinto. Me casé y fui papá muy joven, antes de cumplir 22 años. Comencé a trabajar para sacar adelante a mi familia y lo logré. Esa época marcó mi primer contacto con las finanzas personales, buscaba la mejor manera de estirar mi ingreso y hacer que mi hija tuviera lo necesario. Me apasioné tanto con este tema que empecé a escribir esta columna –más tarde también mi blog– y poner así un granito de arena para ayudar a otras personas a manejar mejor su dinero.

Por mi propia experiencia, puedo decir que en nuestros 20, uno debe tomar algunas decisiones financieras cruciales para el resto de su vida:

1. Obtener y manejar correctamente una tarjeta de crédito. Mi primera tarjeta fue en la universidad, cuando todavía no tenía ingresos propios. La aprendí a manejar correctamente y con mucho cuidado para no endeudarme: pagaba el saldo completo cada mes. Todavía lo hago.

Es importante que lo hagamos, porque nos ayuda a tener disciplina y nos permite iniciar un historial crediticio que más adelante será importantísimo (por ejemplo, si algún día queremos comprar una casa y necesitamos financiar parte de ella con un crédito hipotecario).

2. Ahorrar para tus metas. Esto lo hacía quizá desde más pequeño. Cada vez que mis papás me daban dinero (una mesada o quincena) tomaba lo menos posible para mis gastos y guardaba el resto en un cajón, en una cartera vieja. Era mi primer contacto con el ahorro, hábito que permanece hasta la fecha.

Más adelante, cuando cumplí 18 años, mi abuela me regaló una cuenta bancaria (la abrió con el mínimo, pero ese dinero se quedó para mí). Entonces aprendí a manejar mi dinero de esa manera y a separar el ahorro en una inversión, igual que como lo hacía en ese cajón, pero de una manera mejor y más segura.

3. Diferenciar tus necesidades y tus deseos. Una necesidad puede ser un automóvil; un deseo puede ser el de esa marca que no podemos pagar. Buscar un departamento si tus padres están felices de tenerte en casa, ¿es un deseo o una necesidad?

No hay nada de malo con tener deseos y cumplirlos, pero no a costa de otros. Aprender a invertir. Cuando me di cuenta de que las inversiones bancarias pagaban mucho menos que la inflación, empecé a buscar opciones. Tuve mi primer contacto con los fondos de inversión, tomé un periódico y empecé a identificar los mejores. Fui a casas de Bolsa, que me cerraron las puertas porque mi dinero no era mucho. Empezaban las operadoras independientes que además tenían menos conflictos de interés. Comencé a separar mi dinero para metas de corto, mediano y largo plazo.

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