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El guaraní desde una mirada extranjera

Nuestro idioma nativo es motivo de orgullo y sello de identidad. Pero ¿qué opinan los extranjeros sobre el guaraní? La española Rosa Grimaldi cuenta sus experiencias y da consejos, a foráneos y a locales, sobre cómo lidiar con nuestra lengua autóctona.

Las reuniones familiares y sociales nunca fueron las mismas desde que Rosa Grimaldi llegó al Paraguay desde su España natal y empezó a participar en ellas. Las risas estaban aseguradas, no solo por el ingenio del que hacía gala, sino porque sus comentarios y preguntas sobre el guaraní terminaban siempre en situaciones graciosas. Su amor por los idiomas hizo que se esforzara en adentrarse en el alma de nuestra lengua nativa y hoy está en condiciones de aleccionarnos sobre ella.
“Desde que lo escuché por primera vez, me pareció muy atractivo”, afirma Rosa, quien nació en Barcelona hace 37 años. Desde 2013 vive en Paraguay con su marido, el paraguayo Héctor Laterza, la primera persona que la acercó al guaraní cuando se conocieron en 2006 mientras vivían, y trabajaban, en Londres, Reino Unido.
“Me parecía curioso, porque tenía sonidos muy fuertes y por cómo se lo mezclaba con el castellano”, relata.
A Rosa le sonaban muy extraños no solo los términos combinados con el castellano, sino también los nombres de algunos pueblos. En su blog La Fábrica de las Palabras cuenta que expresiones como pirevai, karuvai, Piribebuy y Paraguarí la confundían, dando como resultado que en comilonas familiares terminara diciendo que había visitado un pueblo encantador de nombre Piriguarí o Piribabuy.
Servicio completo
La Fábrica de la Palabras nació con el propósito de ofrecer servicios de redacción a empresas y a particulares, después de que Rosa viera, con pena, cómo escribimos en castellano muchos paraguayos. Los frecuentes errores de ortografía cometidos en los zócalos de los noticiarios de la televisión local le hicieron pensar que algo andaba muy mal y que había que encontrar alguna herramienta para paliar el problema. Consejos a través de la web podrían ser una buena idea, pensó.
Pero las sugerencias para redactar mejor no siempre obtenían la respuesta que Grimaldi esperaba. Una amiga paraguaya le hizo notar que a los compatriotas no les resultaba atractivo leer temas técnicos, así que la española comenzó a mechar entre sus consejos sus vivencias con la cultura y la idiosincracia locales. Entonces, el interés y el número de lectores crecieron.
Uno de sus aportes recientes lleva por título 11 palabras excepcionales del guaraní que te enorgullecerán de ser paraguayo (y te ayudarán a sobrevivir como extranjero), un imperdible glosario de expresiones que, combinadas con el castellano, conforman una riquísima fuente de expresión, exclusiva de este país.
A la lista inicial, publicada en La Fábrica de las Palabras, la española accedió a compartir con Vida nuevas expresiones (ver recuadro), a guisa de adelanto del “volumen II”, que promete ser tan exitoso como la primera entrega. Inicialmente, el post tenía como objetivo ayudar a sus amigos extranjeros residentes en Paraguay, “para que se contagien de paraguayismos que les harán ver este país de una forma mucho más cercana y verdadera”.
Sin embargo, esa lista también sirve para que los paraguayos nos enteremos de cómo perciben los ojos extranjeros al guaraní, un idioma que defendemos con orgullo frente a los de afuera, pero que al mismo tiempo –¡oh, paradoja!– no goza del mismo prestigio que el español. Y es frecuentemente discriminado, como sus hablantes.
Puesta en valor

Grimaldi admite que esa actitud contradictoria la sorprende. “Ojalá los paraguayos se den cuenta de que poseen muchas cosas de valor”, recalca.
Otro obstáculo que ella nota es el desfase que todavía existe entre la lengua que habla el pueblo llano y las reglas que la rigen. “Hay una academia que dice que la norma es tal, pero en la calle todo el mundo está usando lo que la academia dice que no se usa. Creo que la lengua es algo natural que hay que respetar y no andar inventando términos”, afirma.
Rosa cuenta que cuando en su entorno se refieren al lenguaje coloquial –el que se habla en la calle–, dicen que ese no es el guaraní bien hablado, a lo que ella responde que si el destino de nuestro idioma nativo es derivar en el jopara, habría que aceptar esa realidad sin vergüenzas ni tapujos.
“Que las autoridades, lingüísticas y nacionales, se reúnan con el pueblo para establecer las normas y estructurar el jopara. Hay que estar al servicio de la lengua y de su utilidad”, propone. Se trata de una mirada diferente sobre nuestro idioma nativo, y quizás los ojos de una extranjera nos muestren un nuevo enfoque para el guaraní.

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La lista de Rosa

Kaigue: Se pronuncia caigüé y significa que estás con un bajón de energía y sin ganas de hacer nada. Lo mejor de esta palabra es que sirve para componer otros derivados. Este fin de semana, sin ir más lejos, alguien usó la raíz para formar la palabra kaiguetismo, para referirse al síntoma que te da una enfermedad, como refiriéndose a que ésta te producía decaimiento. ¡Me encantó!

Tekorei: Se pronuncia con acento en la i final, pero no se acentúa por ser aguda (una de las normativas de esta lengua). Significa estar sin hacer nada, o sea, sin hacer nada de provecho. Esta es mi palabra favorita del idioma guaraní, no porque me guste estar sin hacer nada, sino porque realmente es un estado vital. Me parece que ser haragán o vago no describe tan bien el estado en el que te sumerges cuando estás tekorei.

Ñandejára: La “j” equivale a “y” en guaraní por lo que se pronuncia “ñandeyara” y significa ¡Dios mío! Se utiliza tanto en casos de sorpresa como de contrariedad. Por ejemplo, cuando le cuentan a uno un accidente terrible o cuando le explicaste tres veces lo mismo a alguien y sigue sin entender, exclamas un Ñandejara y así te quedas más tranquilo.

Pirevai: Significa estar de mal humor, pero no solo se usa como si se tratara de un estado pasajero, “estoy pirevai”, sino que también se usa para definirle a alguien por su mal carácter, por ejemplo: “Es un pirevai”.

Karuvai: Literalmente significa comer mal y se refiere tanto a personas que ingieren grandes cantidades de comida como a las que comen sin criterio, es decir, que mezclan chocolate con pancho y se quedan tan tranquilos. También se utiliza para definir al hombre o a la mujer que se acuesta con alguien muy feo/a. ¡Increíble cómo un idioma pueda tener una sola palabra para expresar esa idea!

Ndéra: Se pronuncia con la n incorporada y se usa como queja, para demostrar contrariedad o sorpresa. Sería el equivalente a ¡vaya!

Nambre: Es equivalente a ¡déjame en paz!” o “¡estoy harto!” (give me a break!), pero también se utiliza en los casos en los que se hace una enumeración y se quiere señalar un largo etcétera. En esos casos, en lugar de usar el común etcétera, se utiliza nambre, que significa que no quiere seguir enumerando.
Na: Es una partícula supercomun que se utiliza en lugar de por favor. Colocarla junto a un verbo le ayuda a los paraguayos a suavizar para no sonar demasiado directos o demandantes. Así, oirás mucho pasámena, venína, dámena…

Ñembo: Es el equivalente al “seudo” del castellano, solo que su uso es infinitamente más divertido. Se utiliza junto a otra palabra para dar la idea de que el término al que acompaña es falso o pretende ser algo que no es. Por ejemplo, ñembochuchi, alguien que quiere ser de alto nivel pero no lo es, o ñembochurro, que va de lindo pero no lo es realmente.

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